Recoba
Cada vez que lo citan a la selección
se desata una polémica.
Por un lado aparecen los que
entienden que es un referente
por su larga estadía europea y no
debe faltar. Por otro lado están
los que piensan que su aporte a
la celeste fue irrelevante. En el
medio de la discusión hay pocos
porque en este tema se opina
blanco o negro.
Recoba formó parte del plantel
de tres eliminatorias en las que
Uruguay no superó el quinto
puesto, logrando el pasaje al
Mundial en una sola ocasión.
Para Francia 98 no tuvo una gran
participación, pero estuvo en el
equipo en varios partidos sin
alcanzar mayor destaque. En
las otras dos fi guraba como la
máxima estrella, pero no brilló
como los hinchas pretendían.
Convirtió pocos goles y jugando
en el Centenario se fue cubierto
por una tremenda silbatina en
distintas oportunidades.
Nadie puede negar las condiciones
del jugador. Gran habilidad,
un pique sostenido y una
excelente pegada con la zurda,
pero esas virtudes aparecieron
en toda su dimensión en contadas
excepciones.
Sin embargo, los diferentes entrenadores
lo consideraron casi
imprescindible. Núñez, Ahuntchain,
Máspoli, Passarella, Púa,
Carrasco y Tabárez lo llamaron
reiteradamente. En los últimos
diez años nadie prescindió de
sus servicios.
Volante, media punta, delantero
son diferentes lugares en los
que fue ubicado. Su función en
el terreno también fue motivo
de permanente discusión. Nunca
se convirtió en la manija del
equipo.
Su frialdad emocional le jugó en
contra, por lo que tampoco fue
estratega ni caudillo a pesar del
brazalete de capitán que lució
varias veces.
El actual técnico lo convocó
repetidamente a pesar de las
lesiones, pero lo pudo utilizar
solamente contra Corea y su
gestión no convenció. Apareció
poco y su aporte no tuvo el
volumen esperado.
El saldo no parece favorable y
es hora de pasar raya. Su ciclo
en la selección está terminado.
Otros piden cancha y es justo
que la tengan.