Cuando los perros se pelean…

La verdad es que pasé unas vacaciones bárbaras. Pude hacer playa, descansar,
leer y hasta pescar alguna que otra corvinita. Todo salió a pedir
de boca…bueno, todo todo, no.
Hubiera salido redondo de nos ser por los perros del vecino que se pasaron
peleando todo el mes, y lo peor de todo fue que el menor de mis
pergeños, a la primera confrontación canina, salió corriendo a avisar:
Mi papá es veterinario, cosa que hizo que estuviera 30 días curando a
mis cuadrúpedos vecinos.
¡Qué lío cuando dos perros se pelean! ¡Qué dramatismo se instala en la
familia y en el barrio! Pero, ¿por qué se pelean? Se preguntan desconcertados
los niños, que son los que más sufren con la lid.
Porque además las peleas caninas son terribles, se lastiman y sangran
mucho, y de nada valen los comentarios apaciguadores con que intentemos
detener la gresca, o que le tiremos agua o un diario prendido
fuego. Es más, es peor. Y ¿por qué? Ya lo veremos. Pero para ordenarnos:
¿por qué se pelean dos perros/as? Que no se pelean por política o
por fútbol, es seguro.
Lo más común es que ocurran confrontaciones para resolver algún problema
jerárquico, o sea: quién manda y quién obedece.
Si por ellos fuera, este problema se arreglaría en 30 segundos, ya que
saben muy bien quién de los dos es el jefe. El asunto es que cuando el
que debería ser el subordinado toma atribuciones que no le corresponde,
pues es alentado por nuestra presencia y protección, hace cosas que
en otro momento no haría.
Por otro lado, el jefe, ve su autoridad menguada y reacciona para poner
la casa en orden y lo ataca. Estas cosas jamás pasan cuando están solos,
porque la primera vez que el segundo del manada se acerca al sabroso
hueso que yace en el patio, el otro lo mira y le avisa: si lo tocás te mato
y mirá que no hay nadie para defenderte.
Entonces la enseñanza que debemos sacar de esto, es: no debemos intervenir
jamás en un arreglo de cuentas entre dos perros. Aunque nos
duela, debemos mirar para otro lado y dejar que la sabiduría canina se
encargue.
Claro, si uno de los perros es un pequinés y el otro un mastín napolitano,
más vale que los
separemos, ya que
una sola mordida
podría ser fatal para
el perro sagrado
chino.

lucanor@adinet.com.uy

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