¿Corrupción o ineptitud?

No son éstas virtudes que alguien quiera exhibir, pero lamentablemente
los políticos latinos las poseen en abundancia. Ninguna es deseable,
pero la que los ciudadanos más rechazan es la corrupción y toleran, casi
pacífi camente, la ineptitud.
Es notorio que la ineptitud de nuestros administradores públicos causa
más daño que sus niveles de corrupción. Sin embargo el foco de la
ciudadanía, de los periodistas y de la agenda política, está centrado en
lo segundo y no en lo primero.
Así, nos preocupa más que un Director del Banco Hipotecario le haya
hecho una “gauchada” a un correligionario y otro haya puesto a su hija
primera en una lista de adjudicaciones, a que se hayan despilfarrado 2.000
millones de dólares por una total y absoluta mala praxis gerencial.
Recientemente los impolutos frenteamplistas ven como sus compañeros
merodean sus manos por la lata y están más atentos a que no la metan
en su interior pero poco les preocupa que metan, día tras día, la pata.
Los casinos municipales pierden fortunas, millones de dólares anuales
por no tener una clara razón de existir y por estar mal gestionados desde
siempre. PLUNA dejó perdidas de más de 100 millones de dólares antes
que la privatizaran, pero nos sentimos “soberanos” mientras volábamos
sobre sus inefi cientes alas. La mala decisión y la peor ejecución de Ancap al
comprar una cadena de gasolineras en Argentina, nos costó otro tanto.
Pero los votantes uruguayos no valoran las habilidades gerenciales y de
administración de sus políticos, a pesar que les confían empresas millonarias
y áreas fundamentales para el desarrollo del país. Una de las claves
del desarrollo en países como Irlanda, Nueva Zelanda, Chile y tantos otros,
fue confi ar aspectos cruciales de la cosa pública a gente capaz, preparada
y experiente, y no a cualquier advenedizo que por “hablar lindo” se cree
un hornero con la capacidad de “construir casas con el pico”.
Si repasamos la curricula de nuestros parlamentarios, directores de entes,
administradores nacionales y departamentales, veremos una gran
carencia en su formación curricular y en su capacidad de gestión, que
a todos repercute y afecta.
No serán corruptos. Pero nos hacen más daño que si lo fueran.
Dr. Guillermo Sicardi, MBA
gsicardi@adinet.com.uy

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