Nuestras Creencias Limitantes
“Si usted cree que puede o cree que no puede,
siempre tiene razón”
Nuestras creencias influyen directamente sobre nuestra conducta. Si uno cree que “en Uruguay no se puede hacer nada”, lo más probable es que no haga nada: no buscará información, no se esforzará, no se capacitará y tampoco invertirá. Es bastante fácil predecir cuál será el futuro de este individuo: el más total y absoluto fracaso, en definitiva, un perdedor.
¿Y qué es del destino de una Nación sino el destino de cada uno de sus habitantes? El destino de los uruguayos es el fracaso, porque los uruguayos son, en su gran mayoría, unos fracasados. Y lo que es peor: no fracasan en la acción, fracasan en la inacción.
Pierden el partido antes de jugarlo, porque ni siquiera salen al campo de juego. No lo hacen, porque creen que van a perder, creen que no vale la pena entrenarse y que no es bueno competir. Prefieren que “el Estado”, esa absurda e inútil entelequia, juegue el partido por ellos, y además quieren que lo gane.
En una Cooperativa de Trabajadores del interior del país, donde un grupo importante de sus socios está haciendo el febril intento por salir de las deudas y la mala gestión pasada, ven frenadas sus iniciativas por las creencias limitantes de un grupo no menor de otros socios que se ven como perdedores y no como ganadores.
Este grupo cree que por el solo hecho de ser socios de una cooperativa de trabajadores “tienen derecho al trabajo y a un sueldo”, no se dan cuenta que el trabajo no se lo da la empresa, sino los clientes y mientras éstos no compren sus productos, no tendrán empleo ni sueldos. Creen que las deudas no hay que pagarlas.
Renuncian a su calidad de socios y reclaman su aporte social, pero se olvidan que deben más un millón de dólares y así descapitalizan la empresa. Se votan sueldos altos y “premios retiro”, mientras sus acreedores - y los empleados de éstos - miran como disfrutan de su fiesta a costa de otros.
Pero por suerte hay un grupo de gente sensata, que sabe reconocer sus errores, sabe pedir ayuda y saben poner el hombro capacitándose, cambiando viejas y malas costumbres y mirando hacia delante.
Son conscientes que son ellos los únicos capaces de construir su futuro. No recurren al Diputado del pueblo, no recurren al sindicato ni le echan las culpas a otros.
Sólo recurren a sus talentos y sus virtudes. Y por ese camino triunfarán.
Dr. Guillermo Sicardi, MBA
gsicardi@franklincovey.com.uy